Profesor de religión
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       Es el que profesa la docencia en el terreno de la instrucción y formación religiosa. Su actividad profesional, o profesoral, se desenvuelve en diversos niveles (infantil, primario, secundario, universitario) y con variadas interpretaciones profesionales: titular, auxiliar, ocasional, permanente. El sentido, alcance y responsabilidad del Profesor de religión se discute mucho. No se identifica con el de catequista, pero no es contrapuesto al mismo.
    Se puede ser profesor simplemente en el orden de la cultura cristiana y se puede serlo más completo, dinámico y vivencial. El profesor que sólo instruye o enseña es un docente o enseñante. Pero debe serlo en sentido más educativo, moral, espiritual, dinámico y viven­cial, si se ejerce la docencia en forma educativa y no sólo instructiva.
   El docente entiende su labor como instrucción y cultura, como formación de la mente y como promotor de conocimientos. El edu­cador de la fe avanza mucho más y no sólo da instrucción a la inteli­gen­cia, sino que proyecta su enseñanza a la vida cristiana, a la voluntad, a la afectividad. En esa labor cuenta más su propio testimonio que sus enseñanzas. Valora académicamente los conoci­mientos de los escolares, pero se propone orientarlos en la vida, promover en ellos virtudes y valores, hacerlos amar a Dios, a Cristo, a la Iglesia, al prójimo.
   Abundan las opiniones discrepantes sobre la identidad del profesor de reli­gión; por eso se diversifican las opiniones sobre el perfil completo a que se debe ajustar la figura ideal. Pero siempre es bueno recordar que la formación reli­giosa no es lo mismo que la matemática o lingüística.
   Por eso la Iglesia suele exigir que para ser profesor de religión se acepte el aval de garantía moral, doctrinal y espiritual que la autoridad pueda ofrecer. Y que no pueda ser profesor de religión, al menos si se anuncia públicamente que se da religión católica, quien personalmente no responda a esa "declaración eclesiástica de idoneidad"(DEI). No entenderlo así es no ver, o no querer ver, que la educa­ción de la fe no es lo mismo que la instrucción religiosa, tanto en los ámbitos cristianos o católicos como en otras confesiones: judaísmo, protestantismo, islamismo, etc.